La primera versión del framework de desarrollo de Microsoft .NET supuso una revolución: el salto hacia entornos más abiertos y conectables era evidente tras años de amplia aceptación y conocimiento de la plataforma de Visual Studio 6.0. Pero este salto puso en evidencia un problema en aumento: una base de desarrollo con más potencial exige una evolución paralela de las metodologías de programación, de las arquitecturas de los sistemas de información de las empresas y, evidentemente, un esfuerzo extra de los desarrolladores y los departamentos TI para sacar todo el partido a las nuevas herramientas.
Este salto es cada vez mayor. En plena adaptación a la nueva filosofía de Microsoft, la evolución a .NET 1.1 supuso una estabilización y mejora global de la plataforma. El actual paso a .NET 2.0 se revela como aún más complejo, porque podría ser usado sin sacar partido de las ventajas adicionales que ofrece para hacer sistemas más robustos, escalables y abiertos. Y, en el futuro próximo, la revolución que supondrá el lanzamiento de Windows Vista y el nuevo conjunto de frameworks de desarrollo harán abismal la distancia entre las herramientas que ofrece la tecnología y su uso real por parte de los desarrolladores.
La comunidad de programadores en .NET, especialmente los que lo usan en departamentos TI de empresas que no tienen su foco en la tecnología, asisten resignados a la realidad cuotidiana: dar resultados a corto plazo en proyectos internos no permite seguir de forma satisfactoria la evolución continua de la tecnología. Por ello, es deber de las empresas orientadas a la tecnología el contribuir con su conocimiento a que los equipos de desarrollo puedan sacar el máximo partido de las nuevas posibilidades que ofrecen las herramientas más recientes. Visual Studio 2005, .NET 2.0, Team System, Avalon, WinFX o WWF deben ser el siguiente paso que las empresas puedan dar de la mano de quienes hacen de la tecnología su pasión.

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